domingo, 2 de diciembre de 2012

BOLETÍN EXTRAORDINARIO - NOS HABLA NUESTRO NUEVO DIRECTOR ESPIRITUAL

Recién llegado a este pueblo de Albaida del aljarafe, la hermandad de la Soledad, con motivo del año de la fe, del 225 aniversario de la talla del Santísimo Cristo de los Afligidos, los 375 años de historia documentada de la Hermandad y el 25 aniversario del Vía Crucis. Me pide que escriba unas letras para el boletín, allá vamos:

Podíamos considerar el año de la fe como: EL AÑO DE LA "SEGUNDA CONVERSIÓN"

¿CÓMO ESTAMOS?

¿Cómo estoy yo? ¿Y cómo estás tú, hermano y hermana soleano? ¿Cómo vivimos nuestra fe? ¿Cómo nos relacionamos con Cristo, al que nosotros de manera especial llamamos de los afligidos, y con los hermanos? Pues es más que posible que si profundizamos un poco en nuestra vida de cristianos nos encontraremos con esa sensación –probablemente más que cierta—de que no hacemos suficiente o que, además, hemos perdido la ilusión o la alegría. Nosotros, muchas veces, no nos entregamos a Jesús. Nosotros, individualmente o como hermandad, cuántas veces confiamos en nuestras propias fuerzas y no "soltamos" nunca la idea de que somos los únicos autores de nuestra vida de cristianos. Y esos periodos largos de tiempo en el que no se avanza han de ser prueba de que algo está pasando. O, mejor dicho, "que algo no está pasando".

Y es que es muy difícil soltar las amarras de nuestro propio yo. Es casi imposible olvidarse de que somos protagonistas únicos de nuestra vida, Con ello, cerramos el paso a todo aquel que quiera cohabitar con nosotros. Incluso, podemos tener la idea de que Dios no nos hace caso. Pero ocurre que le ponemos tantas condiciones a Dios que Él, casi, no puede pasar. Además Dios nunca nos violentará, nunca forzará nuestra voluntad. Eso sí, esperará pacientemente a que le abramos la puerta.

DIOS NOS HA ELEGIDO

Para mí fue toda una sorpresa descubrir –muy tarde como casi todas las cosas en mí—que no había elegido yo a Dios, si no Él a mí. Y otra: que Él me había amado antes a mí que yo a Él. La idea de un Dios omnipotente, poderoso, lejano vive en nuestro interior y nos tiraniza un poco, o un mucho. Jesús de Nazaret nos mostró a Dios Padre. No enseñó la auténtica imagen del Padre, pero, sin embargo, ahí estamos: inmersos en una situación un tanto contradictoria. Queremos amar a Dios sobre todas las cosas, pero no le permitimos, ni siquiera compartir algunos de nuestros trabajos y de nuestras vivencias. Y son "esas otras cosas" las que, a veces, obstaculizan el paso de Dios al interior de nuestro corazón. Y además –creo—que vamos de listillos. Queremos quedar bien con Dios, pero no abandonamos nuestros gustos, nuestras comodidades o, incluso, nuestros defectos habituales. Y por ello hay algo de superficialidad en todo nuestra vida de cristianos.

UN GRAN AÑO

Pero llegará un día que comprenderemos nuestra auténtica situación, que el mismo Dios nos hará ver lo poco adecuado de nuestra forma de entender la relación con Él. Y entonces llegará la "segunda conversión". Desde luego no es fácil, pero lo fundamental es no cerrarle las puertas a Dios. Y saber que sin Él nada podemos hacer. Sinceramente, creo que la intención del Papa en este Año de la Fe es que salgamos de nuestros letargos y de nuestras comodidades y nos enfrentemos, cara a cara, con Jesús de Nazaret –tal vez en la forma de ese Cristo tan llagado al que nosotros llamamos de los afligidos—o en el rostro de cada uno de los hermanos y hermanas que sufren, y que ese encuentro nos sirva para iniciar el tiempo de la "segunda conversión", tiempo de mayor entrega, de mayor servicio a los hermanos. Y si esto fuera así, sin duda que para algunos de nosotros habrá sido un gran año… este Año de la Fe.

Qué estos últimos actos extraordinarios con motivo del 225 aniversario de la talla del Santísimo Cristo de los Afligidos, los 375 años de historia documentada de la Hermandad y el 25 aniversario del Vía Crucis, nos lleven a disponernos para ser conscientes que Dios nos ha elegido para vivir un gran año, el de la fe, y para ponernos a tiro para vivir este año como una segunda conversión o como una nueva oportunidad para encontrarnos con Él.

Que así nos ayuden nuestro Cristo de los afligidos y nuestra madre de la Soledad.

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