martes, 23 de febrero de 2016

BOLETÍN CUARESMA 2016 - SOLEANOS POR ESPAÑA

Y este abril hará 45 años que me casé con un valenciano, y 45 años que vivo lejos de mi Albaida querida.
Albaida me vio nacer, crecer y aunque eran otros tiempos más difíciles, junto con mis padres Gloria y Antoñito y mis hermanos Aurea y Manuel; en ella he pasado momentos muy felices de mi infancia y juventud, pero ya con 25 años, la vida me puso por delante a un buen valenciano del que enamoré y me dio lo que más quiero en este mundo que son mis hijos Vicente y Gloria. Por él dejé mi pueblo, pero que nadie diga que la distancia es el olvido, porque no es así. Yo he tenido día a día presente a mi familia y a mis amigos, y sobre todo a mi Virgen de los Dolores  y a mi Cristo de los Afligidos, esos a los que yo visitaba y rezaba todos los días mientras estuve allí, y no me quedó otra que aprender a vivir en la distancia.
Cuando me propusieron escribir estas palabras de cómo vivía la Semana Santa en la distancia, lo primero que pensé es con añoranza, porque se echa de menos  tu tierra y sus costumbres, pero siempre que el trabajo de Vicente nos lo ha permitido, hemos cogido nuestro coche y hemos bajado hasta el sur sin pensar que el camino era largo, en que había muchas curvas en el Puerto de Despeñaperros, ni el mareo de Gloria… todo valía la pena por llegar allí a ver a Nuestra Virgen de la Soledad y a Nuestro Santísimo Cristo de los Afligidos pasear por sus calles.
Aún recuerdo a mi madre cuando oía el pitido del coche, salía a la puerta con una  tremenda alegría por volvernos a ver, la candela encendida y un buen puchero en la mesa. Nuestra próxima visita era ir a la Iglesia a ver al Señor y a la Virgen. Allí estaban preciosos y hasta parecían felices de volvernos a ver.
Para mí el Viernes Santo es muy especial y hasta que mis piernas me lo han permitido he hecho todo el recorrido detrás de la Virgen, me encanta el olor de incienso, la emoción que se respira ese día, las saetas y  el culto tan sincero a nuestra Virgen y a nuestro Señor.
Y qué deciros del Domingo de Resurrección esa  alegría que se respira, el repicar de las campanas, la Función de Iglesia con ese coro cantando que emociona, sus calles llenas de gente…  y por la tarde  la procesión, siempre la he visto salir y ya me he ido a verla pasar por el “Barrondillo” con mis hermanos y nuestras familias, y luego ya nos hemos ido al cantillo a casa de mis primas que tanto quiero, aunque algunas ya no estén con nosotros: Juana, Carmela, Manuela, Lolín, Pura… recuerdo a mi hija tirando pétalos desde los balcones al paso de la Virgen.

Podría seguir contándoos muchas cosas porque son tantos y tantos  recuerdos en estos años, pero creo que queda claro lo me gusta la Semana Santa y por eso he intentado trasmitírselo a mis hijos lo mejor que he podido. Solo puedo decir que cuando he fallado por alguna razón, desde la distancia se siente mucha AÑORANZA DE MI PUEBLO, y sobre todo, AÑORANZA DE MI HERMADAD DE LA SOLEDAD.

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