miércoles, 21 de febrero de 2018

BOLETÍN CUARESMA 2018 - NOS HABLA NUESTRO DIRECTOR ESPIRITUAL


Seremos convocados en este nuevo Septenario a rendirle un homenaje de fe y de amor a la Virgen de la Soledad, Madre de Dios y madre nuestra. Se pone así de manifiesto una entrañable historia de piedad mariana que se ha ido siempre acrecentado.
Esto demuestra que, si bien los primeros que la veneraron le pusieron por nombre Soledad, y así la llamamos todos desde entonces, esta bella y bendita imagen no debería llevar ese nombre, pues: ella está siempre acompañada “por el amor de sus hijos”.
Soledad es una bella y profunda advocación. María es soledad cuando guarda en su corazón todas las señales que Dios le va dando sobre la razón de su vida y el sentido de su misión. “María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19). Se puede decir que la soledad de María siempre será una soledad aparente: su soledad siempre estará habitada por el amor de Dios y, entre los albaidejos, siempre será una soledad acompañada.
Ante tanta belleza y tanto amor como María recibe de Dios, y en este septenario lo recibe de todos los soleanos de Albaida, bien podríamos preguntarnos qué puede estar sintiendo ella en su corazón hacia su Padre Dios y hacia nosotros, sus hijos. Hay quien ha dicho que el Magnificat que un día entonó la Virgen es un canto celestial que se escucha con gozo y gratitud en la tierra. Nosotros podemos evocar, actualizar, e incluso cantar con María el canto en el que abre su corazón y pone al descubierto toda la belleza de su alma humilde, que recibe de la grandeza de Dios. Ella es reina porque es humilde y sierva. “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”. El Magníficat es el canto que suena en el corazón de la Virgen de la Soledad al acoger este gesto de amor y devoción que sus hijos de Albaida le tributan en este septenario y en el que se cumplen estas palabras suyas: “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí”. Pero también, y para nosotros, María sitúa su canto, por todo lo que le sucede en este septenario, en el corazón misericordioso de Dios. “Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”. Por eso los ojos de María tienen hoy para nosotros el color de la misericordia divina. “Esos tus ojos misericordiosos”.
Queridos soleanos, permitidme que os diga: cuidad con esmero la devoción a la Virgen de la Soledad. Si desde los hogares albaidejos se asegura la devoción a la Virgen, se asegura la posibilidad más sólida del futuro de la fe en este pueblo. Y, con la fe, nunca le faltarán los demás bienes esenciales. Que la Virgen de la Soledad nos proteja siempre.



¡¡¡¡¡¡¡FELIZ CUARESMA Y FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!!!!!



Un abrazo de vuestro Párroco y amigo:
D. Fermín Muñoz Dominguez.

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